Mecanismos y Peligros de los Fármacos con Teresa Morera

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ASPECTOS GENERALES DE MI EXPERIENCIA COMO FARMACÉUTICA Y CONCEPTOS GENERALES EN FARMACOLOGÍA

Aunque estudié farmacia no me considero “científica”, pero sí una persona capaz de ver, al menos a estas alturas, que lo que se denomina científico resulta más bien dogmático y que la verdadera ciencia ha sido censurada.
Por ello me siento obligada a dar a conocer toda una serie de hechos que son ocultados al público; a decir lo que no pude decir tras el mostrador, muchas veces porque aún no lo sabía...
De manera que explicaré mi experiencia, primero como farmacéutica y luego como persona que se interesa por las terapias alternativas, comentando hechos que pude observar desde el mostrador durante los 16 años que trabajé en distintas farmacias.
Básicamente observé cómo al paciente se le trata como a un menor de edad, y no por accidente sino de modo deliberado. Recibimos formación que va en este sentido. Se promueve la ignorancia y el público parece estar encantado con ello. Todo el mundo ve el medicamento como algo misterioso, casi mágico, y al médico como a un
ser superior, omnisapiente, infalible, incorruptible, sobrehumano, al que hay que obedecer a ciegas, en vez de escuchar el propio cuerpo; en vez de tomar responsabilidad sobre la propia salud.
Si alguien se va desencantando de tan confortable tutela y pretende poder tomar decisiones, primero tendrá que informarse. De ahí el motivo de mis charlas: explicar qué son y cómo funcionan los medicamentos, cosa que he visto que casi nadie sabe.
«Fármaco» es aquello que modifica las funciones de un organismo, y tiene sus mecanismos y peligros.
Concretamente: «Fármaco es una sustancia química, natural o de síntesis, capaz de interactuar con un sistema biológico y producir un cambio en su entorno químico, lo que le hace modificar su comportamiento. De manera que se usa para evitar, tratar o
diagnosticar una enfermedad»
Ello ya da a entender que la medicina oficial sólo contempla la parte química; el material. La visión es mecanicista. La farmacología estudia los engranajes de la maquinaria bioquímica y cómo intervenir en ella. No hay más.

A lo largo de mis conferencias voy mostrando los distintos grupos de fármacos, sobre todo los más consumidos: Psicofármacos, antiinflamatorios, antiácidos, antihipertensivos, anticoagulantes, hipoglucemiantes, hipolipemiantes, y antibióticos y vacunas como máximo exponente de la visión militarista de la salud que se nos
impone.
Muestro como los tranquilizantes enganchan; las estatinas envejecen; los antibióticos debilitan; los antihipertensivos entristecen; ciertos antiácidos inflaman y descalcifican; los antiinflamatorios exigen antiácido...y, al final, quien ha empezado con un medicamento tiene que ir añadiendo nuevos medicamentos para compensar los «efectos
secundarios».
Al hablar de un fármaco hay que mostrar su mecanismo de acción sobre el organismo y cómo nos afecta, seguido de la comprensión real del problema que el fármaco (bien: el prescriptor) pretende tratar, y de las alternativas que tenemos.
Para empezar, hablo de conceptos generales en farmacología, tales como «receptor», «agonista», «liberación-absorción-metabolismo-eliminación», etc... Sobre cómo el fármaco llega al organismo, lleva a cabo su acción bioquímica, siempre violentándolo más o menos, y como el organismo se deshace de él finalmente.
Acto seguido, voy comentando los distintos grupos de fármacos. Me he dado cuenta de que, de alguna manera, empiezo por los que más apetecen a la gente (psicofármacos) y termino por los que menos (hipolipemiantes). Ello no quiere decir que los últimos no sean los más consumidos: estamos en una sociedad muy obediente, por decirlo suave.
Hablando de psicofármacos: empiezo por las benzodiazepinas, que son los somníferos y tranquilizantes más populares actualmente. Sigo por otros tranquilizantes usados en psiquiatría, antidepresivos y estimulantes, tanto legales como ilegales, mostrando sus mecanismos y peligros. Hablo de la importancia de dormir bien y de lo que podemos
hacer ante el insomnio.
Un hecho que enseguida me llamó la atención fue el ver prohibidas y perseguidas las drogas que mucha gente quiere tomar, argumentando que crean adicción, mientras que para tratar problemas ocasionales se recetan, como si fueran remedios, fármacos muy adictivos que convierten el problema en crónico.
Siguiendo con los medicamentos más consumidos, justo después de hablar de psicofármacos, encontramos que en los antigripales hay sustancias parecidas a las anfetaminas, pero que no llegan al cerebro: son los descongestionantes. De hecho, todo estimulante resulta antigripal, pero no al revés. De ello se ha ocupado la investigación
farmacéutica.
En los antigripales encontramos también antihistamínicos y antiinflamatorios. Hablo de todos estos fármacos que, tanto juntos como separados son ampliamente consumidos.
Ya hace años, los vendedores de la industria farmacéutica predecían un gran aumento de las alergias y, por tanto, un gran aumento en el consumo de antihistamínicos.
¿Qué es lo que sabían?
En lo que se refiere a antinflamatorios, que, seguro que todo el mundo se los ha tomado como si nada, resulta que, si se toman de forma continuada afectan al riñón, la tensión arterial y el estómago. Entonces viene cuando la solución es tomar más medicamentos:
más piezas en el puzzle. Efectivamente: observé que los enfermos crónicos terminan casi todos con un lote de medicamentos casi idéntico, que han ido apareciendo uno tras otro.
Son como piezas de un puzle, que van encajando, no importa en que orden, hasta tener el puzle completo.
Cuando el paciente se queja de tanta medicación se le tranquiliza recetándole «el protector»: un potente antiácido que a la larga resulta demoledor.
Cuando hablo de los antiácidos reivindico el bicarbonato de toda la vida. Adiós a la teoría microbiana: «antibiótico» quiere decir «anti-vida». Solo esto tendría que hacer reflexionar.
Hablo de cómo funcionan los antibióticos y otros medicamentos que se usan para tratar infecciones. Repaso cuáles son y cómo actúan los principales antibióticos, antivirales, antifúngicos y antiparasitarios, así como las vacunas. Como siempre, muestro alternativas.
Resulta que la teoría microbiana, según la cual virus y bacterias son los causantes directos de muchas enfermedades, resulta ser falsa desde un punto de vista puramente científico. Ahora sabemos que virus y bacterias son nuestros simbiontes y que al «sistema de defensa» habría que llamarle «sistema de reciclaje», Pero la ciencia oficial; la que está al servicio del poder y no de la verdad, va repitiendo otro mensaje. Padecemos una medicina de visión militarista que nos pone a luchar contra microbios invasores y células terroristas, con todo un «arsenal» que no sabemos que sólo apunta contra nosotros mismos. Las vacunas son un claro ejemplo de ello. Todo parece apuntar a que,
en los últimos años, la medicina oficial se ha ido convirtiendo directamente en un arma contra la población.
La teoría microbiana ha puesto a todo el mundo bajo sospecha: el temible microbio siempre viene del otro y conviene evitar todo contacto. Si hace falta, destruir objetos, y cosechas, matar animales, confinar poblaciones, arrestar arbitrariamente...Así encontramos en «la epidemia» la excusa perfecta para atropellar derechos fundamentales y destruir medios de subsistencia que tanto conviene al poder.

Ahora toca hablar de aquellos tratamientos que nos van haciendo llegar con la edad, y que nos hacen creer que estamos vivos gracias a ellos.
Sangre y hormonas son los fluidos de la vida, que reflejan nuestro equilibrio o desequilibrio. La medicina oficial nos toma la tensión y nos analiza, nos advierte del peligro que corremos si no nos medicamos y nos hace creer que si vivimos más años es gracias a esta medicación, siempre crónica. ¿Es realmente así?
Pues se trata de hablar de antihipertensivos, anticoagulantes y tratamientos hormonales, como los de tiroides. ¡También sobre la menopausia y los variados y controvertidos tratamientos que ha recibido, como si fuera una enfermedad!
Los antihipertensivos cronifican el problema, lejos de tratarlo. Los peligrosos anticoagulantes obligan al enfermo a «no tomar nada sin consultar al médico», principalmente, si se trata de tratamientos naturales. El miedo hace tomar medicamentos que deterioran y envejecen a quien cree que morirá si no los toma.
Pero hay alternativas naturales, incluso alguna de prohibida, para tratar desequilibrios que, sobre todo, hemos de entender que no son para siempre si ayudamos al cuerpo a que se vuelva a reequilibrar.
Las hormonas regulan el metabolismo. Metabolismo son todos aquellos procesos bioquímicos mediante los cuales nuestro organismo se destruye y reconstruye constantemente y; obtiene y gestiona la energía necesaria para todas sus tareas y funciones. Las hormonas regulan su complejo funcionamiento, que se puede ver alterado por diversos factores internos y externos.
La alimentación es fundamental, así como el estilo de vida: ¡demasiado
complicado! Nada, pues, ¡a tomar medicamentos y todo arreglado! La medicación hará que los análisis muestren niveles de glucosa, colesterol, y lo que haga falta dentro de lo «normal», y ya no hay de qué preocuparse, que nos estamos «controlando».....
¿Realmente?
Estamos hablando de fármacos para la osteoporosis, la diabetis y el terrible colesterol, con el que cada día nos asustan por la tele. Antes de hablar de las alternativas más naturales doy un repaso al papel de las vitaminas, recordando que cuando los médicos curaban, lo hacían con ellas.
Para terminar, muestro el sistema matrix de Pischinger, en el que se basa la homotoxicologia, como modelo a tener en cuenta para mantener la salud y ver cómo, la toma de fármacos, m